Esta noche el viento inquietaba a las bestias de la noche, no se dejaban ver, no hacían regalo de su presencia pero item aún así, las sigo esperando como todas las umbrias del ayer, allende el tiempo en sus sombras, fue despertar en mi. Por los miles de recuerdos anclados en lo más profundo a mí nombre.
Antaño, la está miña, mi hogar, fue durante dos centurias la esquina de una muralla imaginaria, el final de la aldea, el guardián de sueños de convecinos aldeanos, sumida en protección comunitaria, la esquina que oteaba desaparecer a la animas de la santa compaña mientras perdían sus formas en el silencio tan solemne del firmamento, para descansar, ella, tan bella, tan simple y hermosa, ¿quien fue que y quien la creo? Mis ancestros... Muero a viento, jamás nunca, muchas lleguen, Dios me escuchó antes de nacer.
¿Y eso? ¿por cual condena?. No se paga. ¿Se puede estar embelesada, enamorada de una casa?, yo creo y sé que sí, aquí me halló.
Y sí, quizás, algún, con tal fragancia en su alma y de tal talante, an-cuan, forjó estás humildes y extraordinarias murallas, pensó y vaticinó que la amaran por siempre, ¿Supo de mi?, vaticinó que llegará o demo, siempre, siempre, supe y lo vio, que alguien llegaría, yo, y perdurará en ella hasta el final de los tiempos, desde mi infancia, siempre leí en las esbeltas formas de sus losas, las letras escritas a talla, de aquel cantero que hechizo mi alma a cada golpe de su maza, desgarrando mi dolor fundiendo con el suyo, sus vacíos y la casa y a su creación.
Existen casas con alma propia, con aura de matices exentos de luz y otras radiantes, no descarto que en un pasado está mantuvo su aura, y estuvo inquieta, hoy vaga tranquila, latente y nutrida de jubilo labriego en lo que puedo.
Son tres viviendas en una con mucha historia y pasados turbios, ocultos, con condena en su nombre, que a día de hoy, mi, honra. Romasanta.
Hoy tintinean las campanillas de viento en ella y convive en amor el hilo que asombra a su sombra y sombrea al alegro del frío invierno.
Las bestias guardan cautela aunque osadas atisban el esplendor de las runas moradas pos mi.


