martes, 25 de noviembre de 2025

Lo absurdo de la doctrina.

 Todos los días y todas las mañanas como marabunta de mangostas, inconscientes en su mayoría, la humanidad, repite mandalas sin color, recetas ancestrales, rituales para idiotas y no ven, no piensan y sí, es la gran mayoría, perfumes baratos, botas de falso cuero, gabanes de tela, móvil a modo de escudo, y no hay oxígeno que riegue su pequeño cerebro pero esperate que si discrepas tú eres el equivocado, estás en mal camino. ¿Es el lobo el que mata a las ovejas o es el perro el que las mantiene temerosas? Hay más mundo fuera del alcance de unos y  de otros pero las ovejas jamás, nunca lo imaginarán.

 El sistema te somete, te adoctrina, te miente, te roba, te esclaviza, te duerme, te mata,  te vende, te viola, el sistema no te deja ver. Despierta, si no lo quieres hacer por tí hazlo por los niños del mañana, no existe motor más impulsado hacía una conciencia consecuente con un mundo limpio y ecológico. Proteger al ser humano del mañana, ilumina un mundo limpio en el futuro comenzando por proteger a los que no han nacido todavía. Aborda tus disciplinas o tus dogmas con cautela, cuestiona y prioriza no conformarte con quedarte la parte podrida de una manzana y ten muchas faltas de ortografía en tu que hacer cotidiano, Despierta.

Cuando bailan las palabras.

 Es esa quedada  enmarcada, en las que el tiempo se pasa de rosca, ayer en las paredes, una lluvia desdibujando siluetas cubiertas con paraguas, el viento y siempre él, presente rompe toda armonía y lo amo así de turbio, intenso, rebelde, item no lo cambiaría.

Esas malas lenguas ignorantes, egoístas, inmaduras, hipócritas, pobres, sin más fondo que la misera oscuridad, que por sus carencias disfrutan de dañar, que pena me dan, pero solo ahora en mi meta. Ayer dolieron. Ayer en las paredes raspa en la garganta como yema de huevo  seca.

 Ayer en las paredes: me enseña hoy a no alegrarme mañana del resultado de mis lágrimas pasadas por tus hechos, en tus lágrimas futuras.

No parece, pero sí, bailan las palabras y más bailan si se dan  sin profundidad, bailan y retornan cuan casi bumerán. Bailan cuando dices que tiemblas, cuando amas sin luz, bailan con una baga promesa, en la niebla, en ocaso, bailan en la nieve, bailan cuando te engañas...  Bailan ayer en las paredes y siempre te bailarán.

 

Aguas lodosas.

Una poesía desmantelada, una canción de amor sin fondo, sin esencia, sin aura, me recuerdan aquellas paredes empedradas, en el embarcadero y sus aguas lodosas tras la bajada de la marea, lo viví y lo remuevo en mi  innumerables noches, cuando no tengo nada que añorar, cuando estoy tranquila, me aborda como un no sé qué pero ambiguo y oscuro, el recuerdo rompe mi calma y me descubre desarmada, el lodo cubre mis pies y la marea comienza a crecer, yo no comprendo, no alcanzo a subir por el escalar del cuadrúpedo embarcadero, él me ha tendido una trampa, me hizo bajar y me ha abandonado, se va, lo veo irse en la altura de la muralla, pequeñas barcas empiezan a ondear a mí alrededor en aquél embarcadero de las costas gallegas, ignoro de qué playa, de que ciudad, ignoro cual fue y me gustaría tener consciencia porque así se grabo en mí, con tal fuerza y de tal belleza, podría plasmarlo en un lienzo, más aún así, temi por mi vida, pensé definirme allí con el agua. 
Mi hermano era una persona diferente, extraña, terrorífica, me hacía cosas que no consigo traducir, jugaba a estrangularme, entre otras atrocidades y las que no me dejé.
Aquel día me involucró en una de sus aventuras, todo era muy rápido y ajetreado, muy alocado, atractivo e impulsaba a confiar, mi ignorancia la de la niña que jamás fui. 
Vamos, decía, baja, que luego yo te salvo, baje, le creí, me engañó.
 Ocho o nueve años tendría yo, no aclaro discernir, duele y da miedo, el muy extraño, me abandono y mientras escalaba las losas que subían decía, te morirás ahí ahogada, el agua subirá y los bichos te morderán.
Recuerdo intentar trepar por aquel muro hasta el primer escalón pero caía una y otra vez, mis rodillas magulladas, mis pies tocando el fondo llenos de lodo, no alcanzaba, miraba a mí alrededor, lloraba y chillaba y nadie venía, el volvió y desde lo alto se movía inquieto y saboreaba mi sufrimiento, pero nunca bajo, venga, tú puedes decía o te ahogarás.

No sé cómo, no recuerdo todo, pero conseguí trepar, la marea empezó a subir y con un impulso de una ola me coloco en el primer escalón, le bestia corrió a las faldas de mi madre como un cobarde y yo jamás comenté este suceso hasta hoy, nunca me hubieran creído yo siempre estuve fuera del círculo. Después recuerdo mucho viento, mucha arena, muchas olas. Me gustaría volver a ver aquel lugar para desbloquear mi mente.

Las gnòsticas.

 Sí que importan tus orígenes, tus raices, que hipocresía creer que no lleva cuenta, somos racistas, idealistas, arrítmicos con el pulso ulterior. Somos farsantes en un mundo de espejos cuarteados.

Sí que importa de dónde procedes o a quien conoces pero no importa quien eres.

Cojonudo si te beneficias pero que pena si no es así.

Solos soleados o solos aislados, guarda mucha distancia, yo no camino sola, mi sombra me arropa ;).

Setas y hongos en el bosque.