Mi hermano era una persona diferente, extraña, terrorífica, me hacía cosas que no consigo traducir, jugaba a estrangularme, entre otras atrocidades y las que no me dejé.
Aquel día me involucró en una de sus aventuras, todo era muy rápido y ajetreado, muy alocado, atractivo e impulsaba a confiar, mi ignorancia la de la niña que jamás fui.
Vamos, decía, baja, que luego yo te salvo, baje, le creí, me engañó.
Ocho o nueve años tendría yo, no aclaro discernir, duele y da miedo, el muy extraño, me abandono y mientras escalaba las losas que subían decía, te morirás ahí ahogada, el agua subirá y los bichos te morderán.
Recuerdo intentar trepar por aquel muro hasta el primer escalón pero caía una y otra vez, mis rodillas magulladas, mis pies tocando el fondo llenos de lodo, no alcanzaba, miraba a mí alrededor, lloraba y chillaba y nadie venía, el volvió y desde lo alto se movía inquieto y saboreaba mi sufrimiento, pero nunca bajo, venga, tú puedes decía o te ahogarás.
No sé cómo, no recuerdo todo, pero conseguí trepar, la marea empezó a subir y con un impulso de una ola me coloco en el primer escalón, le bestia corrió a las faldas de mi madre como un cobarde y yo jamás comenté este suceso hasta hoy, nunca me hubieran creído yo siempre estuve fuera del círculo. Después recuerdo mucho viento, mucha arena, muchas olas. Me gustaría volver a ver aquel lugar para desbloquear mi mente.
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