martes, 25 de noviembre de 2025

Aguas lodosas.

Una poesía desmantelada, una canción de amor sin fondo, sin esencia, sin aura, me recuerdan aquellas paredes empedradas, en el embarcadero y sus aguas lodosas tras la bajada de la marea, lo viví y lo remuevo en mi  innumerables noches, cuando no tengo nada que añorar, cuando estoy tranquila, me aborda como un no sé qué pero ambiguo y oscuro, el recuerdo rompe mi calma y me descubre desarmada, el lodo cubre mis pies y la marea comienza a crecer, yo no comprendo, no alcanzo a subir por el escalar del cuadrúpedo embarcadero, él me ha tendido una trampa, me hizo bajar y me ha abandonado, se va, lo veo irse en la altura de la muralla, pequeñas barcas empiezan a ondear a mí alrededor en aquél embarcadero de las costas gallegas, ignoro de qué playa, de que ciudad, ignoro cual fue y me gustaría tener consciencia porque así se grabo en mí, con tal fuerza y de tal belleza, podría plasmarlo en un lienzo, más aún así, temi por mi vida, pensé definirme allí con el agua. 
Mi hermano era una persona diferente, extraña, terrorífica, me hacía cosas que no consigo traducir, jugaba a estrangularme, entre otras atrocidades y las que no me dejé.
Aquel día me involucró en una de sus aventuras, todo era muy rápido y ajetreado, muy alocado, atractivo e impulsaba a confiar, mi ignorancia la de la niña que jamás fui. 
Vamos, decía, baja, que luego yo te salvo, baje, le creí, me engañó.
 Ocho o nueve años tendría yo, no aclaro discernir, duele y da miedo, el muy extraño, me abandono y mientras escalaba las losas que subían decía, te morirás ahí ahogada, el agua subirá y los bichos te morderán.
Recuerdo intentar trepar por aquel muro hasta el primer escalón pero caía una y otra vez, mis rodillas magulladas, mis pies tocando el fondo llenos de lodo, no alcanzaba, miraba a mí alrededor, lloraba y chillaba y nadie venía, el volvió y desde lo alto se movía inquieto y saboreaba mi sufrimiento, pero nunca bajo, venga, tú puedes decía o te ahogarás.

No sé cómo, no recuerdo todo, pero conseguí trepar, la marea empezó a subir y con un impulso de una ola me coloco en el primer escalón, le bestia corrió a las faldas de mi madre como un cobarde y yo jamás comenté este suceso hasta hoy, nunca me hubieran creído yo siempre estuve fuera del círculo. Después recuerdo mucho viento, mucha arena, muchas olas. Me gustaría volver a ver aquel lugar para desbloquear mi mente.

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