No atisbo a saber por qué fue aquella noche, por cualquier causa, tenía seis años, recuerdo estar saltando llena de algo parecido a la alegría aunque hoy pienso que era nerviosismo o agitación. El ellos llegaba de su trabajo, era transportista y no permanecía mucho en casa, era miércoles, venia cenaba, dormía y a las seis de la mañana partia. Ella siempre estaba encolerizada con él, siempre discutiendo, lo calentaba contra mi, a mí hermano lo protegía algo más, era su primogénito pero también recibió los ásperos gestos de esos no padres.
El hombre estaba cenando y yo veía sus gestos, su rostro redondo iba tornándose rogizo y se le inflaban las fosas nasales, a día de hoy cuando veo dragones en peliculas me lo recuerdan, es tan raro como brotan los traumas, cualquier cosa enciende el interruptor.
Ella, la mujer, me había confeccionado un camisón blanco, precioso, parecido a los que tienen algunas en las películas, de telas sedosas y con volantes, era de tirantes y tenía unos lacitos azules, me gustaba y yo bailaba como una pequeña hada, me miraba en el cristal del horno de una antigua cocina de gas, allí veía como se inflaba el vuelo de campana al girar, y de repente me sacudieron semejante hostia que mi frágil cuerpo se estampó contra la cocina, la puerta del horno tenía un mango de hierro plateado que era esquinado, devi de volar por el golpe, porque la puerta no se abrió y sin embargo mi pierna se cortó con aquella fatal esquina, luego aterricé en el suelo con la cabeza, yo no sabía lo que había pasado, estaba aturdida, me dolía la cabeza y la pierna, recuerdo un escalofrío recorrer mi cuerpo, un frío que jamás he sentido, el camisón se tinto de rojo sangre, y la bestia se desató, mira lo que has hecho has roto el camisón, menudo estreno :), me levanto del suelo y me sacudió como se sacude un trapo lleno de polvo.
El camisón desapareció para siempre y el viento agitaba con fuerza las persianas en el exterior, mis lágrimas resbalaban desconsoladas por mis dulces mejillas, que jamás fueron besadas con ternura, esas lágrimas rogaban a Dios que me ayudará todas y cada una de mis noches.
¿Se puede salir del infierno?, claro que sí pero siempre se regresa a ver, a mirar, a comprobar yo que sé, quizás a rescatar algo que no se puede salvar.
Cuando tocas con cariño y naturalidad a un niño maltratado lo sabes, tienes que notar como se le tensa el cuerpo y reusa al contacto fisico, date cuenta de que el nunca ha vivido el amor y piensa que todos los adultos son iguales, fíjate bien en que su maltratador no permitirá que te hable nada, siempre callara sus palabras, le educan para ser maltratado, no sea que le delate y entonces te hará creer que es un niño problemático, incorregible, sinvergüenza porqué, porqué, porqué y el monstruo del maltratador sabe muy bien lo que está haciendo y no le importa pero teme ser descubierto.
Yo siempre culpe al viento, el viento no lo sabía, y hoy sopla como aquel día, me encanta, se lo lleva todo, todo y mis lágrimas lejanas también, cuando amaine y con esta entrada arrancaré el ese interruptor.
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