sábado, 8 de noviembre de 2025

Nostalgias. Empezar de ceros.

 Y mi mundo cambio, para bien o para simplemente mejor y que me conformo por el resto de vida.

Me estaba muriendo, ahogada en un piso, encerrada entre cuatro paredes, sin poder ver el sol, sentir el viento, las lluvias que barren con fuerza toda la mierda, el arcoíris para darle luz a mi alma, sin poder desarrollar mi intelecto  imaginativo, sin poder crear un paraíso extrayendo ramalazos de realización,  añorados en mi mundo interior.


Y me quedé sola, muy sola, porque nadie me llevaba o me llenaba, unos por gente hueca, otros por ocupados y terceros multitudes de zombificados. Que osadía la mía intentar compartir mi vida con cualesquiera y sin mundo interior, que pena me dan, millones de milagros que no saben hacerse felices. Más yo sola, triste y frustrada pero mi vela alumbró siempre está ilusión, todo llega aunque se hace eterno esperar. 

Unas piedras de un muro en Galicia me robaron el alma desde el principio y  lo juro por primera vez y por mi Dios, que jamás he añorado tanto a nadie ni nada más que esas piedras.

Hoy todo es nuevo para mí y aunque las costumbres de Galicia son otras  muy diferentes a las de Euskadi, me hago comprender, me hago hueco.

Sigo siendo revolucionaria pero amperos revolucionarios haberlos haylos en todas partes.

Mientras encuentro trabajo sigo restaurando y trabajando en casa, hay mucho que hacer.

Tengo un nuevo amor Azkar, más maluko ya me entendéis. Mis vecinos de la aldea de Astérix y Obélix se portan muy bien, todo hay que decirlo, después de la que me liaron están puestos todos en la cuerda floja y recularon, aquí conducen por la cuenta en las aldeas y yo soy muy antisistema y no dudo en utilizarlo (al sistema ;).



Nostalgias tengo muchas, todavía y alguna quedará para toda mi vida. Pero bueno bajo el mismo cielo y nunca sobre el mismo suelo, él lo quiso así y hay que respetarlo. Euskadi y sus almas solidarias y a la par abducidas, sus paisajes de locura que te tocan el alma, su sonido al hablar. No volveré, pero, jamás olvidaré mis raíces, para ser una huérfana en Euskadi coji con cojones lo que me intereso de las migajas que reparte su gobierno a su altivo e inalcanzable pueblo, nos educan así, pena que la gente no le dé la vuelta al libro, en fin de los finales me despido aquí. Vive bien desconocido lector.

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