sábado, 23 de mayo de 2020

El viajero Soledano.




Mirando las nubes congela las huellas y las andanzas del lejano, no es fácil expresar lo que se lleva el viajero en su interior, lo que lleva caminando, no, no es fácil comunicarse con las sombras,  comprender las sonrisas ajenas, ni transmitir para hacerse sentir.

Caminar en la noche debajo de la lluvia mientras tus pies están mojados, no es lo mismo que dormir arropado, bajo el calor de un tierno abrazo en las veladas de mayo.

La melancolía no tiene el mismo color, ni los rayos del sol brillan con el mismo ardor a los ojos del viajero; azorado se deja mecer por el tiempo y cuando llega el alba emprende su viaje hacia ningún lugar.

Las arenas de su reloj interno cesaron en movimientos, ya dejaron de caer, atorando todo en lo que creía. Ahora camina sin patria en el amor, la soledad más profunda duerme a su cuidado y despierta siempre a su lado.

Fue perdedor en todas las alianzas que intentó, hoy regala besos al viento para incomodar al silencio que lo persigue, a la solidez de una soledad heredada, que tan solo vaticina su derrota en batallas a las que no se presentó, las que lo ajustician en su actual situación.

Los años pasan y no en vano, no despacio, esa percepción del tiempo que se adquiere a determinada edad, le grita a su otro él en espejo roto que guarda en su petate, escondido bajo pequeños abalorios con luz de neón.

Silbando una triste canción se despide, para perderse en la noche confundiéndose con las sombras que cuidarán de su camino, para que su pena perdure hasta que se agote su luz.


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