Prisión normalizada 15-05-2020
Puede ser una
postura mental inusual aunque no inexistente, las palabras no fluyen
de la pluma, la voz del viento ha cesado de propinar fonía a los
sentidos, el encierro es largo y pesado quizás hoy más que nunca, el
teclado arde y desgasta los garabatos de letras incrustados sobre
cada tecla.
Día a día, noche tras noche, se alimenta la nube de
conversaciones que se repiten un sin fin de veces, arreglando el
sistema sin mojarse los pies, encasillados como necios, con los ojos
vendados y las manos atadas, la hedentina de este mundo irracional
que nos engulle, alejándonos de todo y tan cercanos a las razones
que nos enseñaron a ver, ese mundo que a su vez nos muestra su
pálpito de desfallecimiento y por descontado una vez más no lo
escucharemos.
Cuando escuches la
música que emana del mundo, la que se pierde y recorre el cosmos, comprenderás quién es aquel que pretende baraustar el sentido de
tu ser. Si hubo un tiempo en el que la humanidad estuvo más alejada
de todos sus congéneres, ese fue el que nos tocó vivir a todos
nosotros.
Condenados a subir
eternamente en el carrusel de los descosidos, aprendimos a lavar las
heridas que nuevamente se volvían a abrir, en los que solo algunos
pocos tirarán del mantel haciendo rebosar sus copas repletas de
corrupción, de más crueldad, esos que congelan tus sueños y
delimitan tus decisiones.

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