El día de ayer ya murió, tan solo quedan los recuerdos en imágenes
de aquellos breves aunque intensos momentos. La luz se abría paso,
atravesando las cortinas colgadas de la ventana y yo ignorante de la
verdad jugaba con ella, soñaba con futuros viajes, futuros e
idílicos encuentros, fantaseaba con la felicidad.
Mientras tanto, en
otro lugar de nuestro planeta se terciaba una batalla contra mi pueblo
llamado mundo. La humanidad sería la víctima en su totalidad. Muchos
pagarían las consecuencias de inmediato, otros después, pero créeme
cuando te digo que nadie saldría impune.
Se empiezan a intuir
en el horizonte nuevas penurias, estas que fueron fabricadas en algún
lugar inimaginable para los comunes. Arrasarán con los sueños de
miles y miles de personas en todo el planeta, esta nueva crisis
fabricada, que se nos avecina, cambiará nuestros modos de vivir y en
el fondo yo me siento como una gran egoísta; tan solo por que ahora
me toca de cerca, me doy cuenta, porque ahora lo vivo en mi piel.
Había olvidado lo que se lleva contando desde siempre, las
injusticias que se repiten a través de todos los tiempos. Sí,
olvidamos pronto, aunque nos escandalicen en un primer momento, es
mas sencillo continuar mirando hacia otro lugar.
Despertar a la
verdad es incomodo para la mayoría de nosotros, despertar es ser
consciente de la realidad que hay mas allá de tu propia realidad, de
ver, de escuchar, de sentir, de ignorar al que te enseña a pensar…
despertar es liberarte de los miedos que te atan a la jaula de
cristal en la que estás encerrado, esa jaula se llama consumo, se
llama falso bienestar. Liberarte de esas cadenas invisibles que te
atan, que te someten, es el mayor reto al que se debe someter la
humanidad.
Dicen que las
razones más contundentes están escritas en tinta roja, con el sudor
y las lágrimas de las personas más vulnerables de todos los pueblos.
Esa es nuestra historia y no otra.
La tierra, nuestra
tierra, la tuya y la mía, tiene una memoria que registra todos los
sucesos que le ocurren, la huella que nosotros dejamos en ella, todo
lo que toleramos, lo que consentimos, lo que creamos.
El cambio está en
empezar a contemplar al planeta como un organismo vivo, organismo
vivo que está comenzando, se está empezando a defender de tanto mal.
Si no despertamos,
jamás volveremos a soñar, seguiremos siendo esclavos engañados con
un falso bienestar, dentro de la jaula de cristal toleramos,
consentimos, ignoramos, y nos auto engañamos, jamás fuimos educados
para ser libres.
El mal pasa todos
los días mientras permanecemos ausentes, mientras miramos hacia otro
lugar.







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