Es la sombra que se aferra a mis pies, camina adosada a mi,
robándome el oxígeno, las ganas de vivir, cada nuevo intento me
sumerge más y más en el lodazal de la melancolía, de la angustia,
me ahoga en las profundidades oscuras de la tristeza, yo sé, que se
alimenta de mí, se disfraza de simpatía, de amistad, de falsa
pureza.
No hay manera de entablar una pauta que sea favorable para ambas partes, no hay tregua, no hay nada más que vació, soledad y maldad.
Miré a la oscuridad
buscando su rostro y la encontré, camuflada en mil caras, desde
donde yo escribo no hay luz, tan solo es una falsa ilusión que dura
breves momentos en el transcurso de mi vida.
Las emociones se
perdieron en las primeras primaveras, con cada golpe, con dolor,
lágrimas azules recorrían mis mejillas en la soledad de cada noche,
sin consuelo, sin perdón.
Suelen decir que
algunos nacemos con algo que nos acompaña desde el otro lado, desde
que nacemos hasta el final de nuestras vidas. Suelen decir que a
todo te acostumbras, pero no, nadie se acostumbra a vivir en la
oscuridad, en la oscuridad los fantasmas cobran vida y las sombras
movimiento, te pueden tocar.
He madurado mi vida,
rellenando los huecos con migajas de felicidad, inventando y
reinventando instantes que se van volatilizando con el tiempo y
terminan por desaparecer.
Hoy ya no me viene a
bien ser osada, ni resistir. No camino a reconciliarme con la luz, ya
no. He pasado todas las facetas del miedo que se pueden soportar en
una vida mortal, he vivido con él. Esa pequeña linea que separa la
cordura de la locura, creo que ha dejado de existir, ahora son una y
se entremezclan en una desordenada y alocada idea.
La tentación de
dejar de sufrir, cada vez es más fuerte, que la idea delirante de
extinguir mi propia vida.
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