jueves, 23 de abril de 2020

Pensil de llanto.







Cual poeta sin voz o sin palabras para pronunciarse, dolorido sigue viajando por caminos que no le llevaran a ningún gran final, cargando el peso de su mala estrella desde su nacer, castigado en cada paso que da, cae pero se vuelve a levantar. Es así su verdad, tan dura, tan cruel.

La mentira a su lado, cala en sus ojos para no dejarle ver. Ya no cree en la esperanza, no cree en nada, Jedive solitario en sus pocos aciertos, no le queda más remedio que notarse manumisor en sus muchísimos entuertos.

Quien sabrá, que es de su ser de quien habla el poeta, en cada pensil de llanto, que describe con diestra pluma sobre papeles mojados, quien notara que necesita lentecerse en las perlas que brillan en sus ojos y resbalan por su cuello, aunque se rompan como frágil cristal cuando tocan al suelo.

Conocedor de todo lo torvo que le rodea, se figura a si mismo en el dechado todavía con su ensoñación, acomodado en su burbuja, inventándose una realidad alternativa a su propio espejismo.

Larvado, camina detrás de cada sonrisa que esboza, dejando a su sombra mal herida y perdida. La bráctea que contiene su aura, desfigura a su propia alma que en el otro mundo languidece.

Es en las horas perdidas del alba, que conmueven su jecho espectro, para volver a malbaratarse en aquel ultimo reflejo.



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