Llegó la inspiración mirando la luna a través de un binóculo,
aquellos fueron tiempos difíciles, tiempos de confinamiento. Algunos lo vivían
con mayor angustia, otros con arriesgada indiferencia y todos con muchísima incertidumbre.
El camino se cortaba allí, para comenzar hacia parámetros desconocidos
y en sus cunetas; Solos, los dueños de pequeños negocios, perdían cordura y sugerían
brío a los caminantes anónimos que pasaban fugaces sin respuestas en sus
bolsillos.
El dolor de muchísimos, por las perdidas de sus seres
queridos a nivel global, enlutaba las primeras iniciativas, cuando comenzábamos
a subir por el frágil tobogán de cuerdas: lleno de chistes, de risas, de
ignorancias, de multitud de negativas ante lo desconocido, ante algo que se nos
iba escapando de las manos y el momento de bajarse del tobogán, parecía estar
muy lejos, algunos no llegarían jamás a bajarse de él y otros caerían.
Y en esas soeces o profundas confusiones y mientras mirábamos
la luna, nos abrazó la inspiración. Resina para el ordenado caos, resina para adherirte
a la vida, resina para no perderse en la desesperanza…resina para confiar en
que las cosas saldrán bien, por y para todos y todas. Suerte.








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