sábado, 22 de julio de 2023

Clave de humor.

 

No quisiera que mi forma de escribir lo que me viene en gana,  lleve a confusiones, la mayoría de mi tiempo soy y pertenezco a ese selecto grupo o  especie de felicianos  indeseables, que muchísimos desprecian,  aconsejados por sus incapacidades. Que lastima.

Como lo hago? Con muchísima soltura y fluidez de imaginación, me río conmigo y abiertamente, me divierto a mí misma, me invento y me disuelvo. Entrañable y su opuesto.

Por poner un ejemplo puedo mencionar lo más reciente, cuando estuve ingresada en la UCI, podía haber sido todo muy traumático pero no me vino en gana vivirlo así, el mundo de la pena y la agustina, el sufrimiento... no, no me place.

En aquel hospital el uniforme de los enfermos era horrible, viejo y gastado, de color azul, era un edificio con más de siete plantas, a la primera de cambio y sin pedir permiso salte de la cama, con mi cuerpo sin fuerzas y tambaleante, tenía que volver aprender a caminar y mientras tanto idee un plan para escapar de tanto pinchazo, médicos, enfermeras, pastillas, pruebas, tecnicismos médicos, ambulancias para arriba para abajo, quirófanos, en conclusión, que aburrimiento y tener que vivirlo, dejarte en manos de otros, que te mangoneen algunos a su antojo y aunque la gran mayoría fueron exquisitos,  no lo fueron todos pero eso lo contaré en otro episodio.

Como iba relatando, idee una historia para salir de todo aquél surrealismo, los pacientes, éramos los batas azules, estábamos internados en contra de nuestra voluntad, se hacía experimentos con nosotros, sin nuestro consentimiento, entre los batas azules existían clanes y en cada piso, un bata azul lideraba los clanes y filtraba mercancías a cambio de medicamentos, podías necesitar cualquier cosa, porque lo cierto es que muchos internos pasábamos hambre, un simple donuts  era un bien preciado, pero el precio más alto a pagar era por el tan ansiado cigarro, aunque lo difícil no era solo conseguirlo sino donde fumarlo, conseguí infiltrarme en unos cuantos clanes y acceder a los favores de los más altos a cambio de información, que con mi siempre común simpatía, sonsacaba a las enfermeras.

Que tiempos aquellos, tuve que recorrerme cada planta, cada recoveco de aquel hospital para darle forma a mi fantasía y me lo pasé tremendamente bien para lo que cabía esperar, por supuesto que de vuelta a la realidad esa actitud influyó muchísimo en el progreso y la evolución de mi recuperación, de echó, los médicos me lo hicieron saber y sí, el secreto está, en tomar los tramos difíciles en clave de humor.

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